Calculadora de agua diaria
La necesidad de agua no es igual para todos: una persona de 55 kilos y otra de 95 difieren en volumen corporal y en producción de calor. El cálculo de abajo da un punto de partida que escala con tu peso, y después explicamos dónde esa cifra basta y dónde se queda corta.
Tu necesidad diaria de agua
- Índice de masa corporal24,2 kg/m²
- Tu rango de peso saludable53,5 – 72,0 kg
Este número sale exactamente de la misma fórmula que usa la app de FitDex. Al instalarla no te encontrarás con un objetivo distinto.
¿Cómo se calcula?
El cálculo es de una línea: peso (kg) × 0,033 = litros. Eso da 2,3 litros con 70 kilos y 3,0 con 90. El coeficiente es la aproximación comúnmente aceptada del recambio diario de líquidos por unidad de masa corporal en adultos.
Esta cifra se refiere al agua que bebes, no a la ingesta TOTAL de líquidos. Alrededor del 20 % del líquido diario procede de los alimentos: sopa, fruta, verdura, yogur. Así que quien bebe 2,3 litros está tomando cerca de 2,8 litros en total.
Hay situaciones que exigen sumar: entre 0,5 y 1 litro por cada hora de entrenamiento moderado, otro medio litro diario con calor o aire muy seco, y más aún con fiebre o en altitud. No lo hemos incorporado como suplemento fijo porque solo tú sabes cuál se aplica, y un suplemento fijo daría un objetivo innecesariamente alto en un día sedentario.
También hay situaciones que exigen restar, y esas son cosa del médico y no de una calculadora: en insuficiencia cardíaca, insuficiencia renal y ciertas enfermedades hepáticas se limita la ingesta de líquidos. Si es tu caso, usa el límite que te haya dado tu médico, no la cifra de aquí.
Cómo interpretar tu resultado
La regla de «ocho vasos al día» no viene de un estudio, sino de una recomendación mal leída. En 1945 el Consejo Nacional de Investigación de EE. UU. sugirió unos 2,5 litros de líquido al día para adultos y añadió acto seguido que la mayor parte de esa cantidad está contenida en los alimentos preparados. La segunda frase se perdió, la primera se convirtió en vasos y el líquido procedente de la comida desapareció de la cuenta, dejando un objetivo más alto que el realmente recomendado.
Tu cuerpo gestiona esto mejor que tú. La sed es un sistema que se activa ante un déficit leve de líquidos y funciona con bastante sensibilidad. En un adulto sano, beber cuando se tiene sed cubre la mayoría de los días. La función del cálculo no es sustituir a la sed, sino dejar una referencia para los días ajetreados en los que no la notas.
El indicador más práctico es el color de la orina. Un amarillo pajizo claro indica que vas bien; el amarillo oscuro y el ámbar indican déficit. Tampoco tiene que ser transparente e incolora: beber más de lo necesario no aporta nada. La primera orina de la mañana suele ser más oscura; guíate por el color de media jornada.
Beber de más no es inofensivo. Ingerir mucho líquido en poco tiempo puede diluir el sodio en sangre y provocar hiponatremia; es raro pero real, y aparece en pruebas largas como el maratón. Unos riñones sanos eliminan alrededor de 0,8–1 litro por hora, así que en lugar de beber litros de golpe para cumplir un objetivo, repártelo a lo largo del día.
El café y el té cuentan. El efecto diurético de la cafeína es real pero pequeño; con un consumo habitual, la aportación neta del líquido que has bebido sigue siendo positiva. No hace falta restar el café de la cuenta del agua.
Preguntas frecuentes
¿Cuánta agua extra debo beber al entrenar?
Regla aproximada: entre 0,5 y 1 litro por cada hora de entrenamiento moderado. Con calor y sudoración intensa, acércate al límite superior. Una vía más precisa es pesarte: cada 100 gramos de diferencia entre antes y después equivalen a unos 100 mililitros de líquido, y conviene reponer alrededor de 1,25 veces lo perdido, repartido en unas horas. En sesiones de más de una hora con mucha sudoración hay que reponer sodio además de agua: el agua sola diluye todavía más el sodio en sangre.
¿Beber agua adelgaza?
Directamente no: el agua no tiene calorías ni quema grasa. Pero tiene dos efectos indirectos, y los dos son reales. El primero, un vaso antes de comer adelanta la sensación de saciedad y reduce algo las calorías de esa comida. El segundo, la sed se confunde a menudo con el hambre, y beber agua es la forma más barata de distinguirlas. Así que el agua no adelgaza; facilita adelgazar, y ahí está la diferencia entre esperar un milagro y no esperarlo.
¿Cuentan el té, el café y los refrescos?
Como líquido, sí: todos cuentan. El efecto diurético de las bebidas con cafeína es pequeño en quien las consume a diario, y una taza de café sigue aportando líquido neto. Pero no reduzcas la cuenta al líquido: las bebidas azucaradas son una parte silenciosa y poco saciante de tus calorías diarias, y un vaso de zumo no es lo mismo que un vaso de agua. Que la regla sea esta: la sed, con agua; el sabor, con otra cosa. FitDex mantiene el registro del agua por separado precisamente para que veas esa diferencia.
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Esta herramienta es solo informativa y no sustituye un diagnóstico ni un tratamiento médico. Consulta a un profesional sanitario antes de cambiar tu alimentación de forma duradera.